Francia vs Italia 2006: el último partido de Zinedine Zidane
- Última actualización el
- Javier Rojas Díaz
Para muchos, el Mundial de 2006 es uno de los mejores de la historia. Prácticamente cada selección contaba con un jugador diferencial. Sobre el césped coincidían algunas de las mayores estrellas de la época: Ronaldo Nazário, Ronaldinho, Thierry Henry, Francesco Totti, Raúl González, Michael Ballack, Kaká o Fernando Torres. No había un claro favorito.
Lo que sí estaba claro es que estos serían los últimos partidos de la carrera de Zinedine Zidane. El francés diría adiós al fútbol tras el Mundial, sin importar si Francia caía en fase de grupos o si conquistaba su segunda estrella.
Después de poner punto final a su etapa en el Real Madrid, Zidane llegó a Alemania con el objetivo de llegar hasta el final. Y lo hizo. Francia fue creciendo con el paso de los partidos, dejando atrás a selecciones de primer nivel como España y Brasil en su camino hacia la gloria. Solo la Azzurra se interponía entre él y un desenlace perfecto.
El contexto de la final
Zinedine Zidane afrontaba el último partido de su carrera con todo lo que eso implicaba. Francia regresaba a una final del mundo ocho años después de haber tocado el cielo en 1998, pero con la espina aún clavada de 2002, cuando cayó eliminada en fase de grupos sin marcar un solo gol.
Aquella decepción seguía muy presente, y este Mundial representaba una oportunidad perfecta para cerrar el círculo. Para Zidane, no era solo una despedida: era una forma de redimirse.
Italia, por su parte, también tenía cuentas pendientes con la historia. La Azzurra no levantaba una Copa del Mundo desde 1982, y llegaba a Berlín con una de las plantillas más competitivas de su historia.
En la línea defensiva, Gianluigi Buffon ofrecía seguridad absoluta bajo palos mientras que Fabio Cannavaro lideraba una zaga prácticamente inexpugnable. En el centro del campo, Andrea Pirlo marcaba el ritmo como auténtico director de orquesta y Francesco Totti se consolidaba como el máximo asistente del torneo, aportando ese último pase que marcaba la diferencia.
Un inicio que apuntaba a un final feliz para Zidane
El partido no tardó en ponerse interesante.
Minuto 7, penalti para Francia. Zinedine Zidane asume la responsabilidad. Con una sangre fría pocas veces vista en una final del Mundial, el francés lanzó un “Panenka” medido al milímetro, que golpeó el larguero antes de cruzar la línea. Un gesto de máxima confianza en el escenario más exigente posible.
A pesar de este revés, Italia no se vino abajo. En menos de quince minutos, concretamente en el 18’, Marco Materazzi pondría el empate de nuevo en el luminoso tras rematar de cabeza un saque de esquina botado por Andrea Pirlo.
A partir de ese momento, el partido tomó un ritmo más pausado. Mientras Francia intentaba llevar la iniciativa, Italia se mantenía cómoda en una posición defensiva, cerrando espacios y esperando su momento. Cada acción se jugaba con una precisión casi quirúrgica, consciente de que cualquier detalle podría inclinar la balanza.
El momento que decidió el partido
Tras noventa minutos sin cambios en el marcador, llegó la prórroga. El desgaste era evidente, pero aún estaba todo por decidir. Y entonces, llegó la acción que lo cambió todo.
Corría el minuto 110 de partido y los dos goleadores del encuentro se replegaban para continuar el partido. Tras un cruce de palabras, hubo un comentario que no sentó bien al francés. Zidane dio unos pasos, como si dejara pasar el momento… pero se detuvo, se giró de forma repentina y lanzó un cabezazo directo al pecho de Materazzi.
Aunque el árbitro no vio lo ocurrido, sí lo hizo uno de sus asistentes, por lo que la sentencia era clara: tarjeta roja. Zidane abandonó el campo en silencio. Sin poder darle a su país la segunda estrella de su historia.
Un desenlace desde los once metros
Sin su líder, Francia tuvo que afrontar los últimos diez minutos en una situación límite. Consiguieron aguantar, pero aún les quedaba la lotería de los penaltis.
Empezó lanzando la selección italiana: Pirlo no falló. Siguió Francia con Wiltord, que también anotó la pena máxima.
Volvía a ser el turno de Italia, esta vez lanzó Materazzi, que puso el 2-1 para la Azzurra. Trezeguet se encargó de ejecutar el siguiente lanzamiento para la selección francesa, pero su disparo se estrelló en el larguero. Este sería el error que le costó la final a Francia.
De Rossi, Del Piero y, finalmente, Grosso, anotaron sus penaltis para darle a la selección italiana el cuarto Mundial de su historia.
Un instante que eclipsó toda una final
Aquella acción de Zinedine Zidane fue mucho más que un simple cabezazo. En cuestión de segundos, se convirtió en uno de los momentos más icónicos en la historia de la Copa del Mundo… aunque por razones muy distintas a las que cualquiera habría imaginado.
El último partido de Zidane no se recuerda por su gol, ni por su capacidad para dominar el juego en una final. Se recuerda por ese gesto.
Una imagen que trascendió el propio resultado, que dio la vuelta al mundo y que, años después, sigue generando una inevitable curiosidad.
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